Carpe Diem

Carpe Diem
Por Manuel López Espino

carpe diem

Carpe diem, literalmente significa: toma el momento, vive al día, aprovecha el presente. Fue acuñada por el poeta romano Horacio, siglo I a. C. “Carpe diem, quam minimum credula postero” “Aprovecha el día, no confíes en el mañana.” No lo mal interpretemos como pasó con algunos autores del renacimiento, del barroco y del romanticismo, donde sólo se pensó en disfrutar el momento sin pensar en el futuro, cuando la frase tiene más sentido si se la ve desde el prisma de cosecha el presente, recoge las oportunidades que aparecen en el día.
La película “El club de los poetas muertos” que ha vuelto a utilizar este concepto, lo coge de la misma forma que en los siglos XVI,XVII y XVIII, vive el momento, disfruta el presente, al igual que la psicología positivista o tantos eslóganes de nuestra sociedad que nos quieren empujar a ello; entiendo vende más este eslogan que el de vive el presente, cultivando tu futuro, disfrutando con mesura, y aprendiendo para formarte.

No dejes que los días terminen sin haber aprendido nada, sin haber intentado ser feliz, sin haber alimentado tus sueños. No permitas que las dificultades de la vida te desanimen o mermen tu capacidad de crecer y de disfrutar, que la gente no te quite las energías, que no te quiten tu derecho a crecer y a ser quien realmente quieres ser.

Recuerda que llegamos a este camino, indefensos, sin herramientas para poder subsistir y dependiendo al 100% de otros animales que llegaron a esta vida antes que nosotros. La vida es un camino duro, donde nos derriban, nos lastiman, nos cuidan, nos aman, nos abandonan, nos hacen felices y nos destrozan, pero somos nosotros los que debemos buscar nuestros pasos, nuestro camino, nuestro futuro. En el fondo, somos los únicos responsables de lo que podemos crear en nuestra limitada existencia, los únicos que podemos formarnos y crecer, madurar, ilusionarnos o dejarnos engañar. Los de fuera, harán cosas con buenas o malas intenciones, pero las consecuencias las tendremos nosotros. En ocasiones nos enseñarán valores y principios que ellos consideran justos y buenos, nos enseñaran una religión, una forma de relacionarte con los demás, una forma de vestir, sitios donde ir, y nos presentarán gente con la que relacionarnos, pero nuestro desarrollo y maduración, consistirá en cuestionarnos si eso que nos han enseñado o facilitado, es lo que realmente quiero, o si por el contrario, debo cambiarlo al darme cuenta que es erróneo, o simplemente yo prefiero algo diferente. Vivir el presente nada tiene que ver con taparnos los ojos y ser solo el fruto de lo que nos han hecho ser, quien mejor puede vivir el presente es quien se va dando cuenta de quien es y que quiere por si mismo, quien rompe con su parte infantil para ser una persona adulta, donde ni las personas ni la publicidad, el marketing, los políticos, etc. son capaces de manipularle, el que vive realmente su vida y no la vida que le dicen tiene que vivir.
No dejes de soñar y de tener ilusiones, la vida no puede verse con objetividad pues es más negativa de lo que podemos soportar para vivir felices, pero vívela dándote cuenta de la diferencia que hay entre lo que tú realmente quieres y lo que te dicen que tienes que querer, vívela en contacto con tus emociones y tus valores, con tus principios y tus actos, dándote cuenta que estás siendo como realmente quieres ser y eliminando lo que no te gusta de ti mismo; por ejemplo, no eres egoísta, porque el egoísmo no es bueno para ti, no haces daño a los demás, porque el ser maduro respeta al prójimo y a sí mismo, no robas, porque al conocerte mejor, te das cuenta que eso no sería justo. En definitiva, que las bases de cualquier religión son los principios básicos de una persona adulta, por lo que no tendrás que ser forofo de ninguna religión ni partido político ni de ninguna idea de otro. Eso es tener libertad para vivir el día a día, el presente, pero tu presente, sabiendo que tu cuerpo es el límite de todo placer y satisfacción, y cuando no sabes respetarlo, pasas del placer al sufrimiento. Piensa simplemente en la comida, si comes más de lo que tu cuerpo quiere realmente, acabas sintiéndote mal, lo mismo ocurre con las bebidas, el trasnochar, o cualquier placer que puedas imaginar. Si vives el Carpe diem sin cabeza, no lo disfrutas. Recuerda que los placeres son corporales, con sus limitaciones, y mentales, donde no hay limites ni sientan mal.

Aprende a vivir con el miedo que da la libertad, con el pánico que nos da el que nos puedan engañar, no permitas que la vida pase por ti, sin tu haberla vivido. En el momento que te separas de una idea impuesta en tu infancia, quedas al desnudo, indefenso y con una coraza menos, esa sensación es la que mucha gente no quiere experimentar, por ello, prefieren seguir culpando a sus padres, profesores o cualquier figura adulta, por como son o piensan, antes que intentar cambiar. Nuestros progenitores, nuestro entorno, casi siempre intentó enseñarnos lo que consideraron bueno, o lo que ellos sabían, en la mayoría de ocasiones lo que se les enseñó, sin cuestionarse si hay o no algo mejor. Así se han ido generando las diferentes culturas y civilizaciones, con unas ideas y principios fundamentales para vivir en sociedad y unirnos ante los otros. Ha funcionado muy bien, nos ha hecho evolucionar y vivir en paz entre los grupos. Ahora bien, esas diferencias con otros grupos, han forjado las guerras y la violencia a lo largo de la historia. De esto no tiene culpa nadie, tu serás el único culpable si ves que tu cultura o civilización no te gusta, y no haces nada para cambiar tú dentro de ella.

Ten creencias, principios y valores que te ayuden a ir en el camino que tú elijas. Fórmate para poder disfrutar de tu tiempo libre, solo aquel que ha aprendido a escuchar la ópera podrá disfrutarla más tarde, solo el que ha cogido el hábito de salir a correr, disfruta de su carrera, y sólo el que sabe meditar, podrá disfrutar de hacerlo. Saber estar en soledad y en compañía sin que te falte nada, ni nadie, es ser libre y no depende de los demás. Entrégate a la vida sin paracaídas, sabiendo que te vas a caer, pero que sabes levantarte. Cuanto mejor te vayas conociendo, más libre te vas a encontrar y más disfrutaras del presente. Porque el presente solo se vive con la madurez que hemos aprendido de nuestro pasado y con vistas a nuestro futuro.

Afronta los dolores, la enfermedad y la muerte como parte de tu vida, no lo veas como una limitación, velo como el último capítulo que vives, es algo normal y natural por lo que tenemos que pasar. Vivir es envejecer, envejecer es entrar en deterioro y eso conlleva enfermedad y muerte. Si estás pensando en la muerte es porque estás vivo, es incompatible estar vivo y muerto, por lo que es absurdo tener miedo a algo que nunca estará mientras vivas.

Como animales que somos, tenemos unas hormonas, que manipulan nuestra forma de ser y de desear, tenemos unas necesidades básicas como especie, unos instintos que nos ayudaron en su momento a sobrevivir. Toda esa parte inconsciente, si no aprendemos a controlarla, tan solo nos va a hacer que seamos más animales y menos persona. Me da igual te muevan los anuncios o tu cortisol, el marketing o tu adrenalina, los asesores de imagen o tu dopamina, a fin de cuentas, estarás moviéndote por algo que no manejas tú, tu raciocinio. Nuestro animal interno se caracteriza por buscar su placer y satisfacción, sin importarle nada más, es nuestro control adulto el que sí se da cuenta si ello nos puede perjudicar a largo plazo, o de las consecuencias que conlleva. Por ejemplo, si tengo hambre, puede que mi deseo inconsciente quiera chocolate o una hamburguesa grasienta y riquísima, pero será mi parte adulta la que sepa si es eso o no, lo que realmente coma hoy, bien por el colesterol, porque luego me siento mal, o porque sé que estoy abusando de esa comida y estoy engordando mucho, cosa que no quiero por mi salud y mi imagen. Es una forma de decidir yo, controlando esa parte infantil, la animal y esa publicidad que me lo pone como algo bueno.
Al igual que en ocasiones vivir el presente es hacer algo que no me apetece hacer o no me gusta, como puede ser el caso de estudiar, trabajar o comer algo por mi bien, aunque a mis sentidos no les convenza. Hay presentes que son para disfrutarlos y otros para sacrificarnos, formarnos para el futuro, otra forma de vivir el día, el momento, sabiendo lo que quiero y lo que necesito en mi vida. En el momento que nos damos cuenta de ello, nos damos cuenta que somos adultos, que tengo libertad y responsabilidades, que veo las dos caras de la vida, y que cada presente voy a intentar me llene y lo vea de forma coherente con como soy y actúo. En ese momento, vivirás todos los días tu carpe diem, y no el de otros.

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