¿Qué es el Conflicto?

¿Qué es el conflicto?

Autor: Manuel López Espino

“El conflicto define al conjunto de dos o más hipotéticas situaciones que son excluyentes: esto quiere decir que no pueden darse en forma simultánea. Por lo tanto, cuando surge un conflicto, se produce un enfrentamiento, una pelea, una lucha o una discusión, donde una de las partes intervinientes intenta imponerse a la otra”. Para el alemán Ralf Dahrendorf, un conflicto es una situación universal que sólo puede solucionarse a partir de un cambio social. Karl Marx, por su parte, ubicaba al origen del conflicto en la dialéctica del materialismo y en la lucha de clases”.

Todos los seres humanos hemos experimentado dentro de nuestras relaciones interpersonales las discrepancias que se dan en cuanto a opiniones, pensamientos, costumbres o formas de actuar, los cuales pueden llevar a conflictos.

Es necesario contar con mecanismos y herramientas para afrontar y resolver estas situaciones sociales y psicológicas, ya que son inevitables y forman parte natural de la vida, Su control y superación hacen que mejoren nuestras relaciones interpersonales, contribuyendo al bienestar y calidad de nuestra vida y de la del prójimo.

Estamos ante un proceso generador de cambio. Por ello, el reto no debe ser evitarlos o suprimirlos, más bien transformarlos en un agente de maduración, de aprendizaje natural a través de las relaciones humanas.

Son diversas las definiciones del conflicto, sin embargo la mayoría de ellas tienen una connotación negativa. Según la Real Academia Española el conflicto puede describirse de las siguientes maneras: “combate, lucha, pelea”; “enfrentamiento armado”; “apuro, situación desgraciada y de difícil salida”; “problema cuestión, materia de discusión”; así como “coexistencia de tendencias contradictorias en el individuo capaces de generar angustia y trastornos neuróticos”.

Tenemos que darnos cuenta que la persona es esencialmente la suma de sus aprendizajes y experiencias; no existen panaceas de ideas propias ni pensamientos internos surgidos de la nada. Estamos influenciados sin saberlo por el pensamiento de Aristóteles con pinceladas de Descartes y Spinoza, Santo Tomás de Aquino y Ortega como de otros padres de la filosofía, con una moral cristiana o musulmana, unas ideas económica entre el comunismo de Marx al liberalismo de Adam Smith, el consciente y el inconsciente de Freud y la teoría de Einstein en el mundo científico. Tras estas palabras, y razonando un poco, no tiene sentido el pensar que “yo soy así” o la frase “estas son mis ideas y las defiendo a muerte”.

El Conflicto es un concepto amplio con múltiples perspectivas. Podemos diferenciar los conflictos donde hay una falta de comunicación, en los cuales aparecen las emociones negativas, produciendo un silencio hasta que nace el rencor y la ira seguidos por la violencia. Este es el caso más significativo de defender nuestras ideas como si fueran propias.

Otro tipo de conflictos serian los de intereses, es decir aquellos enfrentamientos que surgen cuando las partes quieren algo del prójimo causándole un sacrificio en sus necesidades primarias a uno para satisfacer las necesidades del otro. Este tipo surge por el apego y la avaricia normalmente, por pensamientos erróneos que nos han influenciado en la búsqueda de la felicidad a través de las cosas materiales, llevándonos incluso a tener conflictos personales internos, es decir con nosotros mismos. Es el caso de conflicto más palpable para darnos cuenta que esos pensamientos que nos llevan a defenderlos no son nuestros cuando tenemos unos y los opuestos en nuestro pensamiento. Esa percepción de tener un lenguaje interno contradictorio, la imagen del angelito y el demonio en cada hombro con ideas contradictorias creando el conflicto entre mis impulsos primarios y mis ideas racionales, entre mi egoísmo y mis ideas religiosas, el satisfacer mi materialismo o la generosidad, o simplemente entre el jersey blanco o azul o el coche descapotable o todo terreno. Cuanto más adultos y mejor nos conozcamos, dándonos cuenta de donde procede cada idea y que parte de mi persona quiero saciar menos conflictos tendré conmigo mismo, mejor sabré lo que quiero y sobre todo que no querré todo lo que la sociedad quiera imponerme como ideas mías para alcanzar estados falsos de felicidad.

El último tipo de conflictos que reseñaría sería el de valores de identidad, generados por entidades que crean corrientes de creencias y personalidades para adoctrinar a un gran número de la población, para que se identifiquen y se perciban como incompatibles y diferentes a otro número significativo de la población y así cojan su identidad, con unas marcas, peinados, indumentarias, música, y demás superficialidades que les doten de “identidad” haciendo que surja el enfrentamiento sin argumentos que exponer. Tan solo por la pertenencia a un grupo, renunciando al pensamiento individual y siendo sumiso al pensamiento del grupo, terminando defendiendo y dando la vida por un equipo de futbol, un partido político o una religión, por la anulación de su identidad personal.

Si consiguiera que tras leer este artículo, unas cuantas personas dejaran de ser radicales, pudieran tener conflictos dialecticos enriquecedores donde el cambiar de opinión fuera un rasgo de sabiduría en vez de debilidad, me sentiría satisfecho de haber puesto mi granito de arena para mejorar las relaciones interpersonales y la convivencia en este mundo en el que estamos inmersos, luchamos y vivimos.

Para concluir diré que el conflicto solo es enriquecedor cuando se da entre personas maduras, con capacidad para aprender, con una personalidad suficientemente flexible como para no tener ataduras a ideas de nadie y con capacidad para escuchar y transmitir los pensamientos que han ido aprendiendo a lo largo de su vida.

Cuando seamos capaces de desprendernos de las ataduras ideológicas en las que vivimos empezaremos a sentirnos libres. Nos deben interesar en menor medida las actuaciones de los asesores de imagen, el márketing, la publicidad y los “falsos mesías” que tan sólo buscan transmitirnos ideas suyas y hacernos creer que son nuestras o salvadoras de la humanidad, en pro de su beneficio personal.

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