Las Emociones y los Sentimientos

Los dos pilares de nuestro proceso mental

Los dos pilares de nuestro proceso mental: Las Emociones y Los Sentimientos.

Autor: Manuel López Espino

Los sentimientos, las emociones, dos conceptos básicos y fundamentales del ser humano que nos hacen actuar, relacionarnos, sufrir y decidir sin que sepamos realmente su diferencia.

Empecemos explicando lo que son las emociones, del latín, “ser movido por”, movidos por cómo nos afecta el mundo que percibimos a través de nuestros sentidos, desde esa parte del inconsciente que no somos capaces de canalizar, de entender, al no poder poner en palabras esa perturbación que tiene lugar ante un estímulo o un pensamiento.

Es la herencia animal, que empezó con un sistema reptiliano y básico del principio de nuestro desarrollo, evolucionando posteriormente a el sistema límbico, algo más sofisticado, procesando independientemente de nuestro raciocinio, siendo donde aparecen los reflejos y conductas que nos salvan la vida en muchas ocasiones sin saber como lo hemos hecho, tan sólo por ese proceso hormonal que se adueña de nuestros actos y responde sin pensar, para no perder esas décimas de segundo que diferencian el sobrevivir al morir. En definitiva, una parte fundamental del desarrollo de nuestra especie al margen de nuestro entender controlador. Esa parte que vemos tan clara en otros mamíferos cuyas respuestas se basan en la huida o el ataque sin pensamientos en medio y también vemos en esos momentos de ternura con sus retoños, o ante el sufrimiento y la muerte de otro de su misma especie. Esas emociones animales se producen por el mismo sistema que poseemos los humanos, la única diferencia es que nosotros podemos canalizarlo a través de las palabras y transformarlo en sentimientos.

Cuando somos capaces de poner palabras a esas emociones, racionalizarlas a través de nuestro neocórtex (la última parte que se desarrolló en el cerebro humano donde se ubica el pensamiento racional y el lenguaje) es cuando lo aceptamos y podemos ser dueños de nuestras respuestas. Es el momento en que esas emociones pasan a ser sentimientos, perdiendo su fuerza irracional, su influencia arrolladora sobre nuestro pensamiento y actos.

Cuanto más control ejerzamos sobre nuestras emociones más maduros, racionales y estables estaremos, ya que seremos más dueños de lo que hacemos y pensamos aumentando nuestra capacidad de aceptar la realidad del mundo. Para canalizar esta energía sin control, tenemos que darnos cuenta que tiene dos direcciones antagónicas, el deseo, que quiere poseer o interiorizar el objeto ajeno al sujeto y el odio reflejándose a través de la ira casi siempre donde lo que se quiere es la destrucción o alejamiento del objeto que lo produce.

Vamos a ver los dos mecanismos fundamentales de afrontar estas dos fuerzas; empecemos por la motivación, que aparece en el punto donde tenemos que ser capaces de aprovechar esa energía extra que hemos producido gracias a la emoción, canalizándola hacia una finalidad racional, con autoconfianza de nuestras capacidades y optimismo para poder afrontar las adversidades de la realidad. Otra forma es a través de la frustración, donde nos damos cuenta que no tenemos medios para alcanzar el objeto de deseo y aprendemos a renunciar a él, a buscar otras alternativas que sean capaces de suplirlo, transformando ese deseo incontrolado que producía ira al no poseerlo en conformidad ante nuevas posibilidades con la ventaja de aumentar nuestra capacidad de buscar alternativas para nuestra satisfacción y logro sin emociones irracionales. La frustración nos hace madurar dándonos cuenta de nuestras limitaciones para poder crecer de forma sana sin respuestas irracionales.

Nuestra evolución tan sólo se puede producir a través de los sentimientos, controlando y canalizando nuestras emociones y las respuestas que ello conlleva.

Al percibir la diferencia entre estos dos conceptos me doy cuenta que la evolución del ser humano siempre ha estado ligada al tránsito de la emoción al sentimiento, de la injusticia y la barbarie (donde prima el egoísmo y el deseo irracional mal canalizado) de las emociones al sentimiento racionalizado de la compasión, la justicia, las leyes y el avance científico para mejora de la humanidad.

Encontrándonos hoy en día, en la época del racionalismo lógico matemático, creo se han olvidado que los seres humanos seguimos moviéndonos más por las emociones que por los sentimientos. Sigue siendo lo no racional e incontrolado lo que nos motiva, lo que nos hace luchar y poner en riesgo nuestra vida al margen de la parte controladora, ya sea interna (la moral, la personalidad, nuestro pensamiento racional…) o externa (las normas, la cultura, la religión…). No hemos superado ni desarrollado al gran Aristóteles (hace ya 2600 años) a la hora de transmitir esas emociones. Él planteaba la dificultad de hacia qué persona dirigirlas, con qué intensidad, en qué momento, de qué forma y cuál es el motivo correcto por el que lo hago .Pensemos brevemente si cada uno de nosotros tenemos superadas esas fases a la hora de expresar nuestras emociones. Recordando que la represión de las emociones es negativa y el control nos ayuda a crecer y evolucionar: a nivel emocional, que difícil es canalizarlas, identificarlas y saber convivir con ellas.

Hasta el año 1995 que aparece el libro “Inteligencia Emocional” de Goleman, no se retoma esta parte del ser humano con una visión donde se vean las emociones como algo que hay que controlar, manipular y entender dentro de nuestras capacidades humanas. Volviendo al concepto de Templanza que usó Platón y posteriormente el Cristianismo para referirse al control de las emociones.

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