El apego

Por: Manuel López Espino

El apego

El apego se entiende, como un vínculo con un lazo emocional muy fuerte que determinará el desarrollo posterior de la personalidad del niño, el cómo se verá y se relacionará con los demás y con todo lo que le rodea, le ayudará a evolucionar de forma sana y creará una estructura estable, siempre y cuando sea bueno y bien entendido. 

Según Shantideva, (monje budista) “el apego carece de piernas, brazos y demás miembros, y no tiene coraje ni habilidad. ¿Cómo, entonces, ha conseguido convertirme en su esclavo?” 

Bowlby fue el primer psicólogo en estudiar el apego en los niños al nacer (1958). Considera fundamental una figura estable que les de cariño, seguridad y confianza, más importante aún que la comida o el descanso, (como comprobó Barlow en su experimento con crías de chimpancé que vio como prefieren una madre de felpa que no alimenta a una de metal que si alimenta) para un correcto desarrollo cognitivo y emocional posterior. 

Desde el punto de vista emocional, el apego surge cuando se está seguro de que la otra persona estará ahí incondicionalmente, esto es sano y correcto cuando nacemos y hasta los dos años de edad, luego tenemos que tener cuidado, porque se produce una actividad mental, que aumenta el atractivo del objeto o de la persona, quedando atrapados por el deseo de poseerlo y hacerlo nuestro. Por lo que en la primera fase, hasta los dos años que empezamos a socializarnos, el apego puede ser egoísta, creando dolor cuando nos separan del ser o del objeto al que estamos unidos, bien sea la madre, el muñeco, el chupete …. pero según vamos creando nuestra personalidad, según vamos viendo la diferencia entre el “yo” y la realidad, vamos aceptando que los otros se pueden ir, y yo no tener que sufrir por ello. la pérdida es parte fundamental de la vida, del proceso de madurez y la mayor parte de las pérdidas son temporales. Esto que parece tan básico y fundamental en el desarrollo de los seres humanos, está viéndose de forma patológica en muchas personas de nuestra sociedad, sobre todo en los niños y los adolescentes. Cuando no dejo que mi pareja salga con su grupo de amigos, por el sufrimiento que me produce, por los celos que me genera, por los pensamientos que me vienen a la cabeza, por la desconfianza que me acarrea, estoy ante un problema de apego mal evolucionado, estoy ante el mismo caso del niño que llora cuando su madre se va a comprar, o cuando el muñeco se le ha caído y no lo ve. 

La forma de resolverlo puede ser lo que alarme o no a nuestra sociedad, si el infante tan solo llora hasta quedarse dormido, lo vemos como normal, pero si empieza a gritar y quedarse sin respiración, o tirarse de la cuna como si quisiera matarse antes de quedarse sin su relación de apego, empezamos a preocuparnos. En los adolescentes ocurre lo mismo, si solo sufre sin hacer nada, lo vemos normal, pero si persigue y acosa a su pareja e incluso la pega o le prohibe pueda salir, empezamos a verlo como un acto de celos patológico y una agresividad desproporcionada, por no hablar de los casos que prefieren matarla antes de permitir que se vaya con otras personas y tener que soportar el vacío que ello provoca. En las relaciones paterno filiales, está pasando igual, no dejo que mis hijos vayan o se casen con quienes les hacen felices si considero que esa relación los va a alejar de mí. Cuidado, que ahí estamos también ante un caso de apego mal resuelto por parte de los padres, que no dejan madure o sea feliz su hijo sin la presencia de ellos. Debemos aceptar la ruptura, (porque nunca se acaba), de una relación sin pensar que se desmoronó nuestra vida.

Hablamos claramente de apego, nunca de amor, no confundamos estos dos conceptos que por desgracia la sociedad los confunde. 

El apego mal entendido, nos lleva al deseo, y este hace que nos centremos tanto en el objeto que nos hace egoístas, deja a la razón en un simple ruido de fondo. No vemos dónde está el límite entre lo que anhelamos y lo que es imposible tener. En ocasiones pasamos la vida persiguiendo deseos que no son nuestros mientras desaparecen nuestras propias vidas. Es bueno dejar de rellenar el curriculum que nos gustaría tener y vivir lo que tengo llenando esa vida con realidades. 

¿Recuerdas al principio cuando te enamorabas? Cuando su llamada te estremecía para todo el día, cuando tan solo con tocarle la mano tu ser se llenaba de sentido. Verla sonreír te iluminaba el alma, hacerla feliz era tu ilusión. Su felicidad estaba ligada a la tuya, lo sabías, aunque no querías darte cuenta. Eso es amar, eso si pertenece a tu vida, a lo que realmente quieres y te hace feliz desde una personalidad sana. Ahí sí cabe que tu pareja se vaya con sus amigos, porque sabes que va a estar feliz con ellos, y eso es lo que tú realmente quieres. 

La lección de la vida se produce después, nunca antes para evitarnos el dolor, ¿o será para que aprendamos y valoremos lo que hemos perdido? 

Cuidado porque en la vida solemos fastidiar  a los buenos, y los buitres y gentuza están esperando esos momentos de debilidad para intentar sacar su trocito de dignidad ante sus vidas de serpientes, mentiras y falsas, pero no podemos dejar que esa gente  nos empujen hacia los sentimientos erróneos como son el apego, la culpa, el odio o el resentimiento. No podemos dejarnos influir por esas personas que aparecen con falsedades o ideas dañinas ante el dolor ajeno. La vida de los adultos es dura, pero aún así, merece la pena vivirla como adultos y no con el apego infantil. 

Es bueno dejar que el destino llame a la puerta y volver a soñar, recuerda que los sueños, sueños son. En ocasiones podemos confundir el amor, con la atracción, confundir el saber con la pesimista desesperación de la vida de alguien que se cree un genio por hablar todo el tiempo sobre ello. A veces hay que aferrarse a alguien por el sufrimiento que conlleva la soledad, hay que admirar a alguien para no sentirte superior, o para no pararte midiéndote con gente que te estimula el saber, para escapar del pesimismo y la depresión a la que conduce esta vida monótona sin rumbo. 

Cuando se saca la pasta de dientes del tubo, no se puede volver a meter. ¿Debemos dejar todo en manos del azar? Al fin y al cabo ¿nuestra existencia no es fruto del azar? De un espermatozoide con suerte entre millones. ¿No es el azar quien nos pone a nuestra pareja en nuestra vida? ¿Y no es él quien nos la quita? 

Para crecer necesitamos salir de nuestra zona de confort, enfrentarnos a situaciones nuevas, a conflictos, incertidumbres y riesgos. Solo con el sufrimiento evolucionamos. 

Cuando una mariposa está dentro de su capullo, en forma de crisálida, si queremos evitar su sufrimiento rompiendo el capullo, y lo hacemos nosotros con un bisturí, sacando a la mariposa con delicadeza y poniéndola a volar. Nunca volará; curiosamente, la mariposa necesita el esfuerzo de romper el capullo, para que su corazón bombee la sangre que llenara sus alas para más tarde poder volar.

Demasiado amor, aniquila la pareja, el desequilibrio entre la admiración y el querer sería lo que hace que aumente o desaparezca el deseo, la perduración de una relación.

¿Por qué creemos enamorarnos de la primera persona que al conocerla nos hace caso? ¿Acaso tenemos un filtro demasiado grueso para jugar al amor?

No queremos ser un suplemento, ni un concepto para nadie. No queremos sentirnos atrapados en una relación por la seguridad que esta nos da, ni por la rutina o la monotonía. Queremos estar con alguien a quien admirar por lo que hace y piensa, a quien amar por lo que me da y me hace sentir, a quien amar por como es y como actúa estando a mi lado. Porque junto a esa persona, el día tiene sentido, porque me enriquezco como ser humano. Porque la echo de menos, tan solo con que vaya al baño. Es bueno saber lo que queremos como adultos y lo que no queremos.

Los recuerdos dolorosos tienen una base emocional, cuando disminuyen las emociones, se van disipando los recuerdos. 

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